En
espera
Es risorio como el tiempo se burla de mis intentos
de anularlo, de extinguirlo, o simplemente de ignorarlo. Recuerdo mis intentos
fallidos de hacerte sonreír, mis intentos fallidos de regalarte un mundo mejor,
o por lo menos de regalarte una caricia que te permita soñar con un jardín de
unicornios y arco iris.
Ya lo sé, algunas de mis palabras se han caído al
vacío infinito de la irrealidad, de la inmaterialidad, se han convertido en una
proyección de futuros sin fundamentos, en una canción nunca cantada; pero
puedes estar segura que no miento al decir que lo daría todo porque este grito,
mi grito silencioso, erice tus sentidos de luz y agua clara.
Es difícil asimilar esta ciudad sin ti, la
obscuridad perpetua de las calles que nunca caminamos, los bares que nos vieron
pasar, las estrellas que iluminaron tantas noches de incertidumbres y poemas.
Es difícil sentirme sin ti, ya lo sabes, todavía no aprendo a vivir. Todavía no
aprendo a aceptar las derrotas.
Me desgasta tanto pensar en los hubiera, en los serán,
me cuesta tanto volver a escribir desde
la realidad en la que siempre estuve, desde mi situación de puerta, transición,
o quizá obstáculo, obstáculo de una verdad siempre anunciada.
Y mientras, de este lado del pasillo anoche sobre mi
espalda, del lado en el que te encuentras
tú, mujer de los pies pequeñitos, el amanecer te espera con sus brazos
abiertos, para labrar contigo su porvenir.
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