Me sorprendió la Barbarie.
Prometí ya no hacerlo,
recuperar el equilibrio,
comprarme un perro,
una televisión HD.
Pero me venció la angustia.
esa sensación de vacío
que sólo experimentan los borrachos
y los profesores de Filosofía.
Me aburrieron la conversaciones cálidas
y sin esfuerzo.
El olor a limpio
de los cafés de moda.
Me venciste tú
mirándome tras la barra.
Ahora me pregunto:
¿Qué sentido tienen los días sin una dosis de amargura?
¿Qué sentido tiene el amor sin esas dosis de dolor y locura?
¿Qué sentido tengo yo, si no hago el papel de estúpido
mirando tu cuerpo desaparecer?
Hoy quería ser simpático,
bajar el volumen,
encender la calefacción.
Pero me sorprendió la Barbarie a la hora del té,
me sorprendió la guerra, los llantos,
las cometas sin alas.
Me sorprendieron las manos que cambian el mundo,
y una pared en la que leí:
"hoy es siempre todavía".