martes, 5 de agosto de 2014

Me sorprendió la Barbarie.

Prometí ya no hacerlo,
recuperar el equilibrio,
comprarme un perro,
una televisión HD.

Pero me venció la angustia.
esa sensación de vacío
que sólo experimentan los borrachos 
y los profesores de Filosofía.

Me aburrieron la conversaciones cálidas
y sin esfuerzo.
El olor a limpio
de los cafés de moda.
Me venciste tú
mirándome tras la barra.

Ahora me pregunto:
¿Qué sentido tienen los días sin una dosis de amargura?
¿Qué sentido tiene el amor sin esas dosis de dolor y locura?
¿Qué sentido tengo yo, si no hago el papel de estúpido
mirando tu cuerpo desaparecer?

Hoy quería ser simpático,
bajar el volumen,
encender la calefacción.

Pero me sorprendió la Barbarie a la hora del té,
me sorprendió la guerra, los llantos,
las cometas sin alas.

Me sorprendieron las manos que cambian el mundo,
y una pared en la que leí:
"hoy es siempre todavía". 


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